Tuve mi sabático. Lo necesitaba. Maduré, entendí que todo es un engaño. Que no hay salida, y que la salida que había siempre contemplado ya no es opción.
Necesité seis meses de vivir entre la ansiedad y el aburrimiento para entender que mi cerebro es el generador de preocupaciones, que no era completamente culpa del trabajo, ni de mi familia, tampoco era la escuela, ni el tráfico, ni el capitalismo, ni los perros, ni el tiempo, ni la depresión.
La fuente soy yo. Yo soy la fuente inagotable de preguntas sin responder.
Y me dolió. Me dolió mucho darme cuenta que ya no se trataba de compensar químicos que mi cuerpo no producía. En ese caso fue un poco más sencillo, ya que era dejar que el medicamento hiciera lo suyo y tenerme paciencia, perdonarme y dejar de sentir culpa.
Ahora es diferente.
Me da miedo saber que todo es parte de como funciona mi lógica y pensamiento, que hay que buscar la manera de regularlo y cambiarlo y ser consciente. SER CONSCIENTE todo el tiempo de todo lo que pienso y detenerme antes de irme por las ramas y terminar pensando en diferentes escenarios catastróficos donde todo puede salir mal.
Ser conciente es cansado. Estar conciente es agotador.
Pero hay herramientas. Encontraré la forma.
Escribir. Escribir. Escribir y borrar.
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