Roxane Gay dice “Books are often far more than just books”, and I really felt that.
Para mí los libros son una época o temporada en mi vida. Recuerdo haber leído Trópico de Cáncer y Grandes Esperanzas en la biblioteca de la universidad, Moby Dick en el rancho donde vivían mis papás en unas vacaciones de diciembre. Recuerdo como se veía el libro de Memorias de una Geisha en mi buró cuando tenía 13 años y que mi mejor amiga me preguntaba por qué leía libros tan largos. Recuerdo estar leyendo a Bukowski en un avión y quererme cagar de risa sin entender que significaba “zurrar la badana”. Todavía no sé a qué se refieren con esa frase.
Los libros me recuerdan momentos donde necesitaba desaparecer y evadirme, y al final agradezco que se hayan quedado en mi memoria en lugar de los sentimientos de los cuales estaba escapando.
Recuerdo haber comenzado a leer El Señor de los Anillos en segundo de secundaria en Guadalajara y no entender que era un hobbit. Recuerdo cuando leí el Señor de las Moscas y lo comparé con Hunger Games. Entendiendo que el ser humano es precisamente humano y por lo tanto horrible. Recuerdo obligarme a leer La Rebelión del Atlas en prepa y pretender que sabía de que me hablaban.
Y así como tengo libros que puedo situar en un espacio en la línea temporal de lo que ha sido mi vida, hay otros que solo están ahí, flotando, leídos, esperando a ser asignados a algún recuerdo.
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