Luna llena aries y libra.
Hace exactamente dos semanas toqué por primera vez en el café Gallo Negro.
La semana pasada hubo reunión de Subterraneas y la emoción me llenó tanto que me trabé, glitch emocional.
Todo ha pasado lento y rápido al a vez.
Lento porque desde ya un par de años trato de poner más atención a los detalles. Trato de que la ansiedad no me absorba y me fijo en las cosas que son y están, el espacio, el aire, las plantas, mis pies en contacto con la tierra, el suelo.
Desde que tengo memoria siempre he estado preocupada por algo. Ansiedad constante. Un cerebro que se empeña en siempre cuidar y resolver.
Durante muchos años pensé que la fuente de mi inagotable estrés era el trabajo, el dinero. Pagar cosas, la renta. Cumplir. Muchos años estuve perdida en el ruido de el hacer, producir, escuchar, hacer, saber, leer, aprender, acumular.
Y nada, el hueco ahí seguía, el vacío que intenté analizar y comprender y que al final miré demasiado tiempo.
Mi naturaleza siempre ha sido más bonitriste, cada vez que veo algo lindo o bonito me dan ganas de llorar porque me emociona. El problema es que también todo me emociona. Y realmente no tengo un filtro entre lo que siento y lo que expreso, por más que lo intente. Esta transparencia me ha traído muchos problemas pero también la satisfacción de no tener que mentir.
Satisfacción e incapacidad. No puedo mentir, siento como si mi cuerpo se tensara y me dieran ganas de llorar y de golpear algo al mismo tiempo.
Y como decía, todo ha sido lento y rápido. Rápido porque siento que fluye más fácil, porque en vez de buscar luchar siempre contracorriente ahora ya trato de fluir más, y si no puedo fluir, al menos aterrizarme primero. Así como la tierra puede controlar el fuego, la quietud y el silencio ayudan a vaciar la mente y volver a solo ser.
Percibir.
Escuchar.
Estar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario