No sé, a veces siento que todo es demasiado. Hoy es demasiado. Llorar y escribir. Llorar hasta que los pulmones saquen tanto aire que te sofoquen y te quedes privada de aire y por un momento solo tengas que confiar en que tu cuerpo va a reaccionar, porque sabes que ya no tienes fuerzas para hacer nada más. Llorar hasta que las lágrimas recorran las mejillas y alguna llegue a las comisuras de la boca y probar su sabor salado. Llorar hasta que los ojos estén tan húmedos que el agua nuble tu vista.
Fiuf, buen desahogo.
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