lunes, agosto 08, 2016

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Pocas veces uno siente alivio cuando le dicen que está enfermo. Pero yo sentí eso cuando finalmente fuí a terapia.

Llevo cuatro semanas desde que empecé, ahora sí, un tratamiento monitoreado. Las primeras dos semanas me sentía como loca rebotando en los extremos entre la irritabilidad, la agresividad y el llanto. Sin control de mis reacciones.

La tercera semana, que fue cuando viajé, no me podía levantar, me sentía cansadísima, pero no deprimida, solamente agotada.

De ahí en adelante poco a poco me he sentido más racional, más controlada, y sí, ligeramente más valemadrista pero muchísimo más tranquila y en paz.

Estoy pudiendo volver a leer, en menos de un mes voy en el tercer libro. Siento que estoy volviendo a ser yo, poco a poquito.

Se que es el inicio de un proceso muy largo, estoy consciente que el medicamente no va a ser para siempre, porque hay cosas que tengo que resolver por mi misma, pero creo que es un alivio saber que ese descontrol emocional no era totalmente mi culpa, era una condición insana dentro de mí que no me permitía ser racional. Era como si me separara en dos Jimenas. Y el no ser capaz de controlar las emociones me hacía sentir culpable y mal, y odiarme por no poder hacerlo.

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