martes, noviembre 10, 2015

Home is where ________ is

Nací en Querétaro, viví mis primeros 5 años en un rancho en La Venta de Ajuchitlancito, a 4 km de Pedro Escobedo, ahí era donde estaba El Gavillero, el rancho donde mi papá trabajaba.

Después nos fuimos a vivir a Torreón, donde estuve tercero de kinder y casi toda la primaria, hasta quinto. Vivíamos en la Colonia Estrella, primero en Río Támesis y después en Río Florido. Tenía muchas amigas, me la vivía en el Parque España, recuerdo que conocía a muchísima gente y siempre tenía a quien visitar o con quien jugar o hacer algo.

En sexto de primaria nos mudamos a León, creo que ese fue el peor año de mi vida. Cuando me mudé a Torreón todavía no tenía tanta conciencia del cambio y me adapté. En León por más que intenté acoplarme y hacer amigas nunca pude. Me inscribieron a una escuela de monjas (tanto que hasta recibieron al papa hace un par de años) nunca supe si las mocosas eran mamonas por ser fresas y mojigatas o por que la gente de León realmente fuera maleducada y grosera.

Me hacían bullying por norteña y me metían el pie en los pasillos, me hacían sentir que no merecía juntarme con ellas por no tener dinero y no tener una mochila United Colors of Benneton. ¿Quién a los 11 años tiene conciencia de las marcas? Eso era algo que a mí nunca me había importado y que jamás había representado un problema. Pero por lo visto a mis compañeras sí.

Cuando poco antes de acabar el ciclo escolar me dijeron mis papás que nos mudábamos a Guadalajara sentí un alivio inmediato.

Viví en Guadalajara 2 años. Vivía en una colonia cerrada, allá les dicen "cotos" y es un condominio. Después del año traumático en León, regresar a Guadalajara a una casa donde casi todos los vecinos eran de la edad, salíamos a jugar y a andar en bicicleta, todos estábamos en diferentes escuelas entonces siempre había gente nueva y no tuve problemas en formar parte del grupo. Ahí conocí a Lizette y a María, que eran mis vecinas, dos años mayores que yo.

En primero de secundaria estuve en un colegio aparentemente muy "bueno", ya que era bilingüe y solamente tenía un salón por grado. Era escuela laica y tenía compañeros de muchas religiones. De hecho había dos judíos que me caían muy mal porque eran unos mamones pero durante años estuve preocupada por que "¿no mames que soy antisemita?".

El colegio resultó ser una escuela de corridos del Colegio Americano de Guadalajara además de ser la escuela en la que muchos narcos y familiares de ellos metían a sus hijos, por lo que no era raro enterarte que habían matado al papá o tío de alguno de tus compañeros y que a partir de ese día ya no iban a ir a clases. Todo esto fue alrededor del 2001-2003 cuando la situación del narcotráfico estaba fuerte en Guadalajara.

Cuando mis papás se dieron cuenta de esto me cambiaron de escuela a un colegio de maristas, todo lo contrario. Seis salones de 50 alumnos por grado, mil actividades extra escolares, muchos alumnos nuevos cada año. Por fin, después de puro estrés postraumático comenzaba a adaptarme, y me sentía bien y tenía amigas, y ya me empezaban a gustar algunos niños, y empezaba a sufrir mis microdecepciones amorosas.

Vivir así durante 3 años, siendo la nueva en cada escuela, cada año, hizo que me volviera algo huraña, que "no me importara" si no me invitaban a las fiestas, y empecé a leer y a ver anime y a aprender a estar sola y fue cuando llegó a mi el bendito internet y los chats y el messenger.

Todo era maravilloso en Guadalajara, yo ya estaba por entrar a 3ro de secundaria, cuando una semana antes de comenzar clases mis papás me dicen "Nos regresamos a Torreón". SU PUTA MADRE. Por fin, cuando me sentía que ya estaba formando parte de algo, de un grupo de vecinos, amigos, gente de la escuela, otra vez me cambian todo. CARAJO.

Y pues ni modo, a los 14 años no es como que me pudiera salir de la casa y quedarme en Guadalajara viendo qué pedo. Y bueno, Torreón no era desconocido, había perdido contacto con muchas de mis amigas pero al final es un pueblo y sabía que me iba a reencontrar con muchísima gente.

Tercero de secundaria, de vuelta a Torreón, y sí. En el primer día de clases ya conocía al 30% de mis compañeros. Y empecé a tener reencuentros con mis "mejores amigas" de toda la primaria y pues "ay ven y juntate con nosotras" y todo muy bonito y padre y familiar.

Pasaba el tiempo y seguía conviviendo con todos y empecé a notar que me aburría con muchas de mis ex amigas. Fue cuando me dí cuenta cuánto daño me había hecho el estar sola y el empezar a leer. Me sentía extraña, fuera de lugar, y no me llamaba la atención las cosas que a la mayoría de ellas les gustaba. Ir a dar el rol a La Central o a La Madrid, ir al antro con los hermanos mayores de alguna de ellas, ir a los quince años de quien fuera, ir a las fiestas caseras donde se juntaba medio Torreón no me gustaba. Prefería quedarme en mi casa en la computadora chateando con  personas más afines a mí, y que a pesar de no estar en la misma ciudad, las sentía más cercanas que todos los que me rodeaban.

Poco a poco me fui adaptando, muchas de esas amistades de la primaria y reencontradas se fueron alejando y de nuevo volví a empezar a formar parte de otro grupo de nuevos y antiguos amigos. Terminé la secundaria, hice toda la prepa y la carrera. Por fin podía empezar a ser yo y ya demostrar lo que me gustaba, usar mis playeras de Local Metal y a conocer gente que me aceptaba aunque fuera "rara" y leyera libros de mil páginas.

Ya no estoy en Torreón, ahora estoy en Querétaro desde hace casi seis años. ¿Por qué? Porque allá no había trabajo, porque mataban gente por una famosa guerra contra el narcotráfico sin pies ni cabeza. Porque mi familia se volvió a mudar y ahora ya viven aquí. Porque sabía que no iba a soportar trabajar con la misma gente de toda la vida y que laboralmente me desenvuelvo mejor con desconocidos.

Y me gusta Querétaro, todavía. 

A pesar de todo eso, cuando me preguntan de donde soy y digo que de Torreón siento que no es la verdad. De cualquier manera, si no soy de Torreón no soy de ningún lugar. Y es feo no poder decir mi tierra o mi lugar sin sentir que en el fondo, técnicamente, todo es una mentira. 

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